El Espíritu Santo es el cumplimiento de la promesa divina, y su presencia en la Iglesia es la garantía de que Dios sigue obrando en medio de su pueblo.

La importancia de Pentecostés radica en su carácter transformador. Antes de este suceso, los discípulos estaban llenos de temor, escondidos tras la muerte de Jesús.

Pero, una vez recibido el Espíritu Santo, se convirtieron en predicadores valientes, capaces de proclamar el Evangelio a todas las naciones. Este cambio radical demuestra el poder divino que reside en el Espíritu Santo, capaz de renovar corazones y dar valentía incluso en las circunstancias más dificiles. Además, Pentecostés subraya la universalidad del mensaje cristiano, pues el milagro de las lenguas simboliza que el Evangelio está destinado a todos los pueblos, sin distinción de idioma o cultura.

Sin embargo, son muchas las sectas que ven al Espiritu Santo como una energia, una fuerza activa o una influencia mistica. La realidad es que la Biblia nos presenta al Espiritu Santo como la Tercera Persona de la Trinidad. NO es una fuerza impersonal, sino una persona divina a la que se puede entristecer (Efesios 4:30), apagar (1ª Tesalonicenses 5:19), mentir (Hechos 5:3), insultar (Hebreos 10:29), Se puede pecar contra El (Isaias 63:19), y estamos llamados a obedecerle (Hechos 10:19-21), estas son caracteristicas humanas, lo que revela su personalidad.

Él conoce los pensamientos de Dios y nos enseña todas las cosas: “Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. (1ª Corintios 2:10-11). Pablo ilustró lo anterior al señalar que en realidad, nadie puede conocer a fondo las cosas del prójimo.

¡Cuánto más necesaria es la intervención del Espíritu de Dios si se han de entender las cosas de Dios!